Es hasta cierto punto normal escuchar anécdotas de cómo las marcas comerciales en otros países confían en la palabra de los consumidores y respetan sus derechos en casos de reclamos sobre algún producto adquirido, cambiando la mercancía de inmediato o devolviendo el dinero sin pedir mayores explicaciones.

En Venezuela hemos experimentado que esas mismas marcas y comercios son completamente lo contrario a la experiencia entendida en esos países y ante eso nos preguntamos ¿qué habrán hecho aquellos consumidores para hacerse respetar? además de la aplicación de las leyes y otros factores del mercado ¿tendrá que ver con el hecho original de reconocerse y agruparse como consumidores?

El pensamiento de izquierda, en sus corrientes más radicales, sataniza el mercado y todo lo que provenga de él. Con el mismo dedo con el que señala el consumismo, hace sombra sobre el consumidor. Un grupo al que de alguna manera todavía pertenecemos todos.

Esa puede ser una de las causas por las que en Venezuela, en un gobierno de izquierda, el consumidor queda absolutamente desamparado ante una arremetida del capital como la que vivimos, en un terreno de compra y venta donde el espacio está prácticamente vacío, solamente ocupado por la  desbordada SUNDDE.

El juego del mercado, o la batalla del mercado, es similar a los procesos electorales. Los electores demandan, los partidos políticos ofrecen. Unos ganan, otros pierden, producto de una negociación y un acto voluntario.

Lo mismo pasa con los contratos colectivos. Los partidos políticos promueven y estimulan la creación de los sindicatos, forman cuadros y se organizan para negociar sus derechos ante los patronos.

Hasta ahora en Venezuela, los partidos políticos de derecha no se conocen por ser promotores de grupos de consumidores. Los de izquierda tampoco.
Por un lado puede ser evidencia de que la derecha representa los intereses de las empresas privadas que violentan los derechos del consumidor y no están interesados en formar una fuerza que modere sus aspiraciones. Por el otro, la izquierda siendo gobierno, no ha sabido catalizar la fuerza creadora de grupos de consumo con la misma fuerza y organización como los ha creado para que el pueblo reciba beneficios o que actúe electoralmente en favor de la revolución.

Imaginemos el papel de una agrupación nacional que en lugar de agotarse intentando sacar a Maduro, hubiese orientado sus esfuerzos y recursos en agrupar al sujeto consumidor en una gran fuerza para ocupar el rol en el juego del mercado, que haga frente al comerciante y actúe de manera autónoma en favor de sus derechos, mientras exija sanciones por parte del estado.

Como sucede en otros países, una fuerza organizada, transversal, será la única capaz de boicotear los planes de los capitalistas especuladores que por naturaleza avanzan, simplemente porque no hay nada ocupando el espacio.

Parece ser una historia de reconocimientos, abandono de roles y espacios, políticos y económicos, donde cada quien aseguró la trinchera que representa sus intereses y ejerce cada día el poder que les confiere actuar a sus anchas en un terreno abandonado por el oponente.